Humanidades digitales: ¿qué son y cuál es su situación en España?

En los últimos meses he escuchado no pocas veces la misma pregunta: ¿Qué son las humanidades digitales? La duda parece la continuación natural de aquella otra que todo filólogo ha escuchado alguna vez: ¿Y eso que estudias, para qué sirve?

La vacilación es comprensible: en el día a día no pensamos cómo la informática podría ayudar a comprender un óleo de principios del siglo XVI, la expansión histórica de una ciudad o la construcción de una catedral. No se nos educa para ello y, sin embargo, hacemos uso de herramientas parecidas con normalidad.

Las humanidades digitales crean lazos entre disciplinas que hasta finales del siglo XX nadie consideró poner juntas; son el prisma que ofrece a la vez las dos caras de una misma moneda. Una de sus definiciones más aceptadas es la publicada por Matthew Kirschenbaum, director del Maryland Institute for Technology in the Humanities, que las explicó como «un campo de estudio, investigación, enseñanza e invención relacionado con la intersección de la informática y las disciplinas de humanidades. Son metodológicas por naturaleza y de ámbito interdisciplinar»1.

También es interesante al respecto la perspectiva de Alejandro Piscitelli, profesor del Taller de Procesamiento de Datos, Telemática e Informática de la Universidad de Buenos Aires y uno de los divulgadores con mayor repercusión en la comunidad hispanohablante de HD (aprovecho para recomendar también uno de sus libros: Nativos Digitales. Dieta cognitiva, inteligencia colectiva y arquitecturas de la participación (2009), editado por Santillana):

«Desde el punto de vista más académico uno estudia por disciplina: […] algo que se estudia en una facultad definida en una orientación —que generalmente hay que elegir entre artes o ciencias—. Las humanidades digitales rompen con todo eso y dicen que no hay que elegir entre artes y ciencias, no hay que elegir entre matemáticas e historia, no hay que elegir entre filosofía y pedagogía. Pero, ¿por qué? ¿Porque mezclan todo de forma arbitraria, con una gran mezcolanza que no tiene gusto a nada? Al contrario: se trata de hacer toquecitos, se trata de hacer combinaciones, se trata de hacer intersecciones que sean realmente ricas y potentes. […] Lo que se está haciendo es romper con la división entre las dos culturas y mostrar la potencia de cómputo aplicada a investigaciones concretas»2.

Entonces, ¿qué utilidad práctica tienen las humanidades digitales? En su mayoría son aplicaciones que integramos como naturales y permiten, por ejemplo, visitar un Jardín de las delicias interactivo; estudiar el crecimiento de Québec o asistir a las obras de St. Paul Cathedral en el Londres de 1622. Las HD producen trabajos con un componente digital evidente pero al servicio del arte, la historia o la sociología. Cada año, y desde 2012, los DH Awards premian a algunos de los mejores proyectos en esta disciplina de todo el mundo mediante votaciones abiertas: el objetivo es reconocer al equipo que mejor haya sabido aunar la tecnología y otras ciencias «analógicas», y es un buen lugar para imaginar el futuro de la materia a corto plazo.

En España, la expansión de las HD está siendo más lenta que en otros países de nuestro entorno (aunque a estas alturas de la película no creo que quede nadie que pueda extrañarse), a pesar del enorme potencial de nuestra cultura. El nacimiento en 2005 del Laboratorio de Investigación de Humanidades digitales (LINHD) supuso una pequeña esperanza para el futuro del campo: con el objetivo de «redefinir la forma de trabajar en humanidades desde la innovación y las tecnologías en el marco de la nueva sociedad de la información»3 el equipo del LINHD, dirigido por Elena González-Blanco (profesora de la UNED, universidad asociada con el Laboratorio), aúna colaboradores, profesores e investigadores de diversas instituciones y especialidades a los dos lados del océano. En 2011 el LINHD se integró en la Sociedad Internacional de Humanidades Digitales Hispánicas (HDH), y estos días la HDH está coordinando la inclusión de España en DARIAH, «una infraestructura paneuropea para estudiantes de artes y humanidades que trabajan con métodos informáticos»4, a la que se espera ingresar a lo largo de este año.

Antonio Rojas Castro, doctor de la Pompeu Fabra, publicaba en su blog el pasado agosto un post con algunas de las dificultades de ser investigador en HD en nuestro país, entre ellas la absoluta falta de ofertas de trabajo fuera de la precariedad. La investigación en humanidades es la última prioridad en el sistema educativo cuando, como el nuestro, ya no busca el saber sino el negocio. Aún así, siento la necesidad (casi moral) de intentarlo, fuera o dentro: nadie dijo que fuera a ser fácil.


[Imagen original de la cabecera El jardín de las delicias, de Hieronymus Bosch (El Bosco). Obra de dominio público]

  1.  Kirschenbaum, M. (2010) “What Is Digital Humanities and What’s It Doing in English Departments?” ADE Bulletin, 150.
  2. Piscitelli, A. (2015) “Humanidadesdigitales” Canal de Youtube de la Cátedra de Datos de la Universidad de Buenos Aires
  3. Qué es LINHD” LINHD | Laboratorio de Investigación en Humanidades Digitales
  4. DARIAH in a Nutshell: By Researchers for Researchers” DARIAH-EU | Digital Research Infraestructure for the Arts and Humanities

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